El seísmo del 27 de febrero de 2010: consecuencias y reacciones
A las 3 y 37 de la madrugada, la tierra empieza a temblar en más de la mitad del país, despertando así a sus habitantes o interrumpiendo la fiesta del viernes. Después de las primeras horas de incertidumbre, y luego de los primeros días de aturdimiento, la vida volverá a lo normal rápidamente en Santiago. Por muy fuerte que haya sido la sacudida, 8.3 en la escala de Richter, el seísmo dejará pocas huellas. Por haber sido edificada la ciudad según normas antisísmicas, hay pocos desgastes materiales visibles. Sólo algunos edificios fueron despejados, pero por lo general, la ciudad se mantuvo de pie. Al contrario, una vez afuera de la capital en dirección al sur y entonces acercándose al epicentro, la gravedad de la situación es palpable. Varias ciudades y pueblos de barro se derrumbaron. En ciertos lugares (Constitución, Concepción, Cauquesnes), no quedan sino conglomerados de lo que hace poco eran aún viviendas. Los damnificados se quedaron sin casa y sin agua y les cuesta abastecerse. Se desarrolla una política de gobierno apoyada por la iniciativa personal de todos los chilenos, quienes espontáneamente decidieron socorrer y ayudar a las personas más afectadas por el terremoto.
Ayuda humanitaria y solidaridad: Un movimiento social
Banderola puesta al dia siguiente del sismo en un edificio, Plaza Italia.
Inmediatamente después del seísmo, Chile, entonces tristemente famoso, recibe el apoyo y la visita de varios gobiernos extranjeros: Perú, Estados Unidos, Bolivia, Japón, Venezuela. Éstos suelen aportar una ayuda médica, proporcionar los bienes más urgentes, y a veces dinero. Sin embargo, en el seno del país mismo, los chilenos se organizan para ayudar a sus compatriotas. Esta iniciativa humanitaria se ensancha, se organiza y es cada vez más visible en todo el país y en distintos niveles. Primero, es el paisaje urbano el que cambia y es modificado por esta ola humanitaria. Banderolas de colores y símbolos nacionales cubren edificios enteros y transmiten el mensaje siguiente: Juntos, levantamos Chile. Estas primeras marcas de solidaridad aparecen luego en los lugares públicos como bares o restaurantes donde se escribe en la pizarra del menú estas mismas palabras. Hasta algunos las escriben en el parabrisas de su vehículo. El mensaje está claro, es por la acción conjunta de todos los ciudadanos como el país de Chile podrá seguir viviendo. Pero lo que cuenta primero es ayudar a los que más sufrieron, que siguen bajo los escombros, sin agua ni electricidad, pero también sin comida, y por supuesto sin alojamiento. La omnipresencia de este mensaje transmite otro, el ser chileno y haber sobrevivido en buenas condiciones implica un deber, el de ayudar a los desafortunados que viven cerca del epicentro. Numerosas colectas se organizan en muchas partes de la ciudad. Se trata de recuperar lo absolutamente necesario y urgente para los damnificados: comida, jabón, pañales para las criaturas y frazadas para protegerse del frío. Estas acciones son improvisadas tanto por personas que forman parte de una asociación, de una universidad como por una agrupación circunstancial de personas decididas a ayudar tal o tal otro lugar.
Otras acciones, aún más espontáneas aparecen. En el Cerro San Cristóbal, gran colina que se encuentra en el corazón de Santiago donde los habitantes acostumbran hacer deporte el domingo, se empiezan a vender completos (perros calientes) y choripanes al final del recorrido más transitado por los santiaguinos. Los fondos son después enviados a las víctimas.
Estos ejemplos no son, sino una parte ínfima de todo lo que surgió de manera absolutamente natural para ayudar y apoyar a las víctimas del sismo. Permiten atenuar un poco la gravedad de los actos de robos y vandalismos de algunos chilenos que se aprovecharon del caos para asaltar algunos bienes de consumo sin utilidad alguna y en desfase total con la situación de emergencia. Comportamientos difíciles de explicar para la mayoría: ver a una persona acudir a un supermercado y salir con una pantalla de plasma a cuestas es algo sorprendente. Sin embargo, también es revelador de algunas partes ocultas de una sociedad fundamentada en un modelo de consumo agudo. Poseer algunos bienes, supuestamente superfluos desde nuestra percepción europea, se volvió indispensable para algunos. Esto se debe al modo de vida y a la imagen social que rima con el comprar cada vez más creciente de bienes materiales caros y a menudo de alta tecnología.
La Iglesia del barrio Providencia , sin cúpula, y su banderola: Chile uno solo :
[...] Chile, un país de
[...] Chile, un país de estupor y temblores humanityy.com/es/blog/solidaridad/reflexiones/chile-un-pais-d... por celineroux hace 2 segundos [...]
[...] Chile, un país de
[...] Chile, un país de estupor y temblores [ humanityy.com ] [...]