
En un momento en el que la protección y la gestión del medio ambiente están presentes en todos los debates, el agua se ha convertido en un recurso indispensable para el hombre, aunque aún siguen existiendo desigualdades entre países y este oro azul no siempre está disponible para el hombre.
El agua potable, un acceso desigual
Para darnos cuenta de la escasez de este preciado recurso, el agua se reparte sobre la Tierra de esta forma: más del 97,2% del agua es salada, por lo que menos del 3% es agua dulce. Ahora bien, solo el 0,5% puede ser utilizado por el hombre (aguas subterráneas, ríos o reservas como las presas).
Menos de 10 países se reparten el 60% de los recursos de agua dulce del planeta. 21 países sufren ya escasez de agua, de los cuales 12 están situados en Oriente Próximo. En 2025, les podría faltar agua dulce a cerca de 2,4 mil millones de personas.
El consumo medio francés de agua potable es de 150 litros por día y por habitante, es decir, lo que equivale a una bañera llena. Este dato incluye las necesidades de agua para nuestro consumo e higiene, pero también la necesaria para la actividad industrial, la agricultura, etc., para producir nuestros alimentos y nuestros productos de consumo. Ahora bien, existe una gran desigualdad entre algunos países. Por ejemplo, un francés consume de media 50 veces más que un ugandés. Un niño necesita al menos 20 litros de agua al día para vivir, pero esto está lejos de ser la realidad de muchas regiones del mundo. Según UNICEF, 400 millones de niños, o lo que es lo mismo, uno de cada cinco niños no dispone de este mínimo vital. A nivel mundial, una de cada seis personas no tiene acceso a agua potable, o lo que es lo mismo, más de mil millones. En el África subsahariana, más del 42% de la población no tiene acceso a agua saludable. Y en algunos países, existen desigualdades entre el servicio de suministro de agua de las zonas urbanas y de las rurales y también faltan redes nacionales.
Esa falta de acceso a agua potable conlleva problemas sociales y económicos. La educación está estrechamente relacionada con este fenómeno. En muchos países del mundo, las mujeres y los niños recorren grandes distancias para encontrar agua para sus familias y subsistir. Durante ese tiempo, los niños no van al colegio.
La contaminación de las capas freáticas y de los ríos agravan esta situación, que ya de por sí es muy precaria. Es un hecho probado que las actividades humanas degradan la calidad de las aguas a causa de los metales pesados, los hidrocarburos, los pesticidas, etc. Por otro lado y contrariamente a lo que ocurre en Francia, las fábricas de producción de agua potable son escasas, por no decir inexistentes, en muchas regiones del mundo.
El agua insalubre y el saneamiento, consecuencias devastadoras
Dos de cada cinco personas en el mundo no tienen acceso al saneamiento de agua básico y consumen agua insalubre. Por otro lado, las aguas sucias llevan numerosos microorganismos a causa de las deyecciones animales y humanas. Se transmite al hombre por la ingestión de agua insalubre. Los parásitos se desarrollan en regiones cálidas y húmedas, en donde estos huéspedes son particularmente numerosos. Dichos parásitos se transmiten al hombre cuando se introducen a través de la piel. Así pues, el agua insalubre plantea graves problemas de sanidad pública mundial. Es la segunda causa de mortalidad infantil, después de la infección de las vías respiratorias. Cada año, 5 millones de personas mueren por falta de agua potable o por enfermedades que están relacionadas con la contaminación del agua, las cuales pueden ser:
Las enfermedades impiden que los niños asistan al colegio. Numerosas familias no tienen acceso ni a los primeros auxilios, lo que provoca que aumenten las tasas de mortalidad.
El agua, fuente de vida, puede ser a su vez fuente de muerte. Numerosas poblaciones deben vivir con esta paradoja: disponer del agua necesaria para satisfacer sus necesidades o arriesgar su salud, ya que en ocasiones consumen agua insalubre.